Nuestros cuerpos fueron diseñados para aprovechar el sol. La luz solar ayuda a mantener nuestros patrones de sueño para que podamos permanecer despiertos durante el día y dormir por la noche. 

Tomar muy poco sol, sobre todo en invierno, puede hacer que las personas se vuelvan propensas a una forma de depresión conocida como trastorno afectivo estacional. 

La luz solar también ayuda a que la piel produzca vitamina D, necesaria para la función normal de los huesos. 

Sin embargo, la luz del sol también puede causar daño.

La luz solar viaja a la Tierra como una mezcla de rayos u ondas visibles e invisibles. Las ondas largas son inofensivas. Sin embargo, las más cortas, como la luz ultravioleta (UV), pueden causar problemas. Los rayos más largos de estas ondas UV que llegan a la superficie de la Tierra se llaman rayos UVA. Los más cortos se llaman rayos UVB.

Demasiada exposición a los rayos UVB puede producir quemaduras. Los rayos UVA pueden penetrar la piel más profundamente que los UVB, y ambos pueden afectar la salud. Por este motivo, es imprescindible utilizar protector solar adecuado siempre que se toma el sol, para evitar posibles consecuencias adversas como manchas, quemaduras, cáncer y envejecimiento prematuro de la piel.

La mejor manera de proteger la salud y prevenir el cáncer de piel es limitar la exposición al sol, evitando que sea prolongada y optando por la sombra en lugar de la luz solar directa. 

También el uso de ropa protectora, gafas y protector solar entre las 10 a. m. y las 4 p. m. es importante. El protector es especialmente importante entre estas horas, cuando los rayos son más intensos.

Los protectores solares vienen etiquetados con distintos “factores” (FPS). Uno con FPS 15 significa que tardará 15 veces más en quemarse, comparado con lo que tardaría sin usar protector solar alguno. Uno con FPS 30 tomaría 30 veces más tiempo quemarse.

La eficacia de los protectores solares se ve afectada por varias razones. Los ingredientes activos de un protector solar se descomponen con el tiempo, por lo que debemos controlar la fecha de caducidad indicada en el envase. La cantidad y frecuencia de uso afectan también la protección contra el sol. La transpiración y el tiempo en el agua pueden reducir la eficacia.